Y sin embargo, cada vez más anunciantes la incluyen en sus estrategias de campaña… entonces, ¿por qué existe esta creencia?
- No hay clics.
- No hay dashboards a lo Google Ads.
- No hay una conversión “directa”.
Y eso genera una sensación equivocada:
si no se puede medir como lo digital, entonces parece que no se puede medir.
Pero, como veremos, la realidad es otra.
La publicidad exterior no trabaja en el clic.
Trabaja en la presencia, la notoriedad y el recuerdo mental.
Y eso, aunque muchos no lo tengan en cuenta, también se puede medir.
Sabemos cuántos autobuses están en circulación, cuántas veces realizan su servicio cada día, cuántas horas están activos y qué zonas recorren.
Sabemos, en definitiva, dónde está la campaña y cuántas oportunidades tiene de ser vista.
Entonces…
¿cómo que no se puede medir?
Cada vez que una campaña sale a la calle, es una nueva oportunidad de impactar a alguien distinto.
Pero también de volver a impactar a quien ya te ha visto antes.
Y ahí está la clave.
Porque la publicidad exterior no solo genera impacto, genera recuerdo.
No es casualidad que meses después de una campaña, muchos anunciantes sigan recibiendo clientes que llegan con la misma frase:
«te vi en el autobús.»
No es una coincidencia.
Es el resultado de una exposición constante, repetida y bien ubicada en el día a día de la ciudad.
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